(E02) Meknes a Merzouga

Comenzamos temprano el día cargando las pilas con el desayuno del riad. A las 8 de la mañana tenemos que estar en marcha para llegar antes de atardecer al desierto. Nuestro amigo David nos acompaña a las motos, sabiendo bien que más pronto que tarde volveremos a vernos. La verdad es que la experiencia que hemos tenido en su casa, el Riad ma Boheme, ha sido de sobresaliente.

A pocos kilómetros de Meknes nos encontramos con el Atlas Medio (mapa de Wikipedia con las cordilleras de África del norte), y tal como pasamos Azrú empiezan las curvas y el ascenso entre montañas nevadas. Al comienzo de esta revirada carretera nos adentramos en el bosque de los cedros o bosque del Cedro Gouraud, famoso entre otras cosas por sus macacos salvajes.

Unos de los eslóganes más conocidos de Marruecos es aquel que dice ‘un país de contrastes‘. No puedes evitar que se te venga a la mente cuando atraviesas los bosques nevados del Atlas Medio y de repente te encuentras de lleno con el desierto. Continuamos por la N13 camino de Midelt para cambiar de cordillera, ahora toca atravesar el Alto Atlas con sus divertidas curvas y desérticas montañas.

Poco después de pasar Er-Rachidia nos encontramos con un fotogénico oasis, el conocido como Valle del Ziz. A la derecha de la carretera nos encontraremos con un aislado restaurante (ubicación) donde tenemos una panorámica espectacular.

Panorámica del valle
Panorámica del valle

Atravesamos la puerta del desierto del Sahara por Rissani, el paisaje ya se ha convertido en una inmensa llanura que se pierde en el horizonte, tan solo interrumpida por la inmensidad de las dunas del Erg Chebbi. Nuestro alojamiento está cerca, en Hassilabied, un pequeño poblado antes de llegar a Merzouga.

Para dormir en el desierto elegimos muy acertádamente hacerlo en el Berber Camp (antes Hassan Berber Camp). Hassan es el anfitrión, que nos ofrece por 60€ la noche una amplia habitación en su hotel de Hassilabied (ubicación) con parking cerrado para las motos, una jaima privada en un campamento en medio de las dunas, y para llevarnos y traernos también esta incluido el paseo en dromedario de unos 40 minutos por trayecto. En el tema del papeo también incluida la media pensión, con el mejor y más generoso desayuno que he probado en Marruecos. La cena nos la preparan en el mismo campamento, incluida timbalada para terminar de amenizar la noche. Sumándole a todo esto el gran espectáculo que supone el atardecer y el amanecer rodeados de enormes dunas hasta donde nos alcanza la vista, y entre medio de estos un cielo tan estrellado que parece no entrar un alfiler entre tanto punto brillante. En resumen, a mi juicio es una de las mejores experiencias que se pueden vivir en Marruecos.

Antes de terminar la crónica de hoy voy a contaros una anécdota bastante curiosa. Resulta que este mismo día era mi cumpleaños, pero en absoluto llevaba nada preparado para celebrarlo. En medio de una conversación en la que hablábamos de nuestras edades Hassan me pregunto por la mía, a lo que le contesté que precisamente ese día cumplía 32 años. Después de ‘echarme la bronca’ por no haberlo avisado, resulta que el tipo desaparece en mitad de la nada y de la oscuridad de la noche del desierto, para volver a aparecer al rato con una tarta en sus manos para celebrarlo. Sigo sin entender muy bien como había pasado aquello, pero la verdad que fue la guinda para rematar una jornada perfecta.

Celebrando mi cumple en el desierto
Celebrando mi cumple en el desierto

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