(E05) Nuakchot a Dakar

Hoy salimos temprano y sin desayunar. En el Tarjit aún no estaba abierto el restaurante. Sólo recorremos unos metros cuando la Varadero de Nito exclamó –¡basta, no son horas para tanta arena!-.


Levantamos los más de 300 kilos de moto, ‘escarba’ un poco con los tacos de las Mitas y continuamos la marcha sin mayor problema. Para salir de Nuakchot, en lugar de continuar por la avenida principal que la cruza de norte a sur, decidimos darle libertad al Garmin para que nos callejeara un poco por la jungla. Y digo jungla porque una vez que salimos de la ancha avenida principal parecía que hubiéramos cambiado de planeta. Calles estrechas con el firme de arena mezclada con basura, tenderetes de todo tipo entre medio de más basura, trafico caótico de burros, personas, bicicletas, coches y camiones. En Nuakchot cada cual conduce, camina o corre por donde más le conviene, toda una prueba de habilidad y reflejos para salir indemnes.

Tras una parada en la salida de la capital para comprar algo de pan para el desayuno continuamos nuestro camino. A medida que avanzamos por los 150 kilómetros que nos separan del cruce de la pista Diama el asfalto sigue empeorando, continúan los cortes repentinos del asfalto y los últimos kilómetros de este tramo hay que hacerlos con mucha precaución para no dar un llantazo en uno de los continuos socavones que nos encontramos en la carretera.

Por fin llegamos al cruce que nos llevará hasta la frontera. Los primeros 40 kilómetros hasta el poblado de Keur Macene están recién asfaltados.


Este será el último pueblo que veamos hasta llegar a la frontera, así que es recomendable aprovechar para reabastecernos en una de sus varias tiendas con agua ‘fresquita’.


Para continuar hacia la pista nos encontraremos la siguiente bifurcación que tomaremos a la derecha.


Ahora ya si que empezamos la parte mas divertida del día, nos restan 50 kilómetros de tierra bordeando el río Senegal. El primer tramo, perpendicular a dicho río acaba en un cruce que tendremos que coger a la derecha. En esta parte de la pista nos encontraremos muchos tramos ondulados que pondrán a prueba las suspensiones, además de jabalíes y otros animales cruzando de un lado a otro. También veremos que por los laterales de la pista principal a veces hay otras secundarias, cuidado con estas que en según que zonas nos encontramos con bancos de arena.


Una anécdota que nos ocurrió en la pista de Diama fue un encuentro que tuvimos con la policía mauritana que iba de camino a empezar su turno en la frontera a la que nos dirigíamos. Al encontrarnos un coche con varios de ellos parados en mitad del trazado imaginamos que era otro control más en el que tendríamos que entregar nuestra ficha, nada de eso. Resultó que habían roto la ballesta de su viejo 4×4 y nos pedían ayuda por si teníamos algo con lo que solucionarles la papeleta. Pues ahí fue Nito que sacó el rollo de alambre y junto con mis alicates les sacamos del apuro, ya que a menos que alguien nos confirme lo contrario sacamos la conclusión de que en Mauritania no existe ningún tipo de servicio de grúa. Allí vehículo que se avería y no consiguen reparar insitu está condenado a pasar el resto de sus días en la cuneta. Y como es de bien nacidos ser agradecidos nos fuimos bastante aliviados pensando que estando incluso el comisario entre ellos, al llegar a la frontera nos iban a echar un cable equivalente al que habían recibido de nosotros.


A lo largo de la pista nos encontramos varias garitas con las barreras abiertas, pero en la única que nos pararon es en la que está el guarda forestal a la entrada del parque nacional Diawlin. Amablemente nos pidió 2000 ouguiyas (unos 6€) a cada uno con sus correspondientes tickets para poder continuar nuestro camino.


En estos últimos 10 kilómetros la pista va empeorando poco a poco, estando el último tramo lleno de importantes ‘hundilones’ que si vamos demasiado rápido nos pueden dar algún sustito.


Llegamos a la frontera mauritana de Diama, y teniendo bien aprendida la lección negociamos con el chico que se ofrece a echarnos un cable. Le pregunté si estaba allí para ayudarnos con los tramites, y que cuanto nos iban a costar sus servicios. En primer momento nos pidió 10€ a cada uno, a lo que firmemente le respondí que 10€ en total o haríamos nosotros mismos las gestiones. Esta frontera es mucho más tranquila y ‘sencilla’ que las anteriores, por lo que no resulta demasiado difícil encontrar los 3 puntos por lo que deberemos pasar.

 

  1. En esta especie de garita nos pondrán el primer sello en el pasaporte, son 10€.
  2. Este edificio es algo más grande, vemos una especie de mostrador al entrar y una puerta a la izquierda del mismo, aquí entregaremos el papel de la importación del vehículo que nos dieron en la frontera de Nuadibú. A cambio nos ponen otro sello en el pasaporte. Y como no, otros 10€.
  3. En este edificio volvemos a entregar pasaporte para un último sello de salida, aquí  mismo nos tendremos que volver a sacar el visado a nuestro regreso si no lo traíamos de casa con doble entrada. Acababan de llegar aquellos policías a los que hace un rato les habíamos salvado el culo en la pista de Diama, pero no importa, son 10€ de nuevo amigo.

    Como habréis comprobado salir de Mauritania, que es completamente gratis, nos acababa de costar 30€ a cada uno. Conste que además elegimos salir por esta frontera en lugar de por la de Rosso por la fama de ser ésta última una de las mas corruptas de África. Es un duro conflicto interno el saber que te están engañando por ser extranjero, pero que tampoco tienes otra opción si no quieres pasar allí el resto del día, o de tu vida…

    Antes de continuar nuestra marcha hacia la frontera de Senegal, nuestro amigo el buscavidas nos presentó al ‘hombre de los seguros‘. En este caso nos costo 20€ a cada uno por un mes, era lo mínimo que había, o al menos eso nos aseguraron. Decir también que esta misma póliza nos cubrirá en varios países de África central.

    Ahora sí, atravesamos el puente de la presa que separa ambas fronteras. Al final del mismo nos esperaba otra barrera. Este control de paso lo encontramos justo antes de llegar a la grúa que podemos ver en la siguiente foto.


    Ya en la frontera senegalesa, nos esperaban los últimos 3 pasos para poder seguir con nuestro camino hacia Dakar.

  1. Garita frente a la barrera donde nos cobran otros 10€ por el peaje del puente.
  2. Oficina donde nos hacen el visado y sellan el pasaporte.
  3. Edificio donde nos emiten el passavant válido para circular durante 10 días por el país. Si queremos renovarlo deberemos acudir a la oficina de aduanas del puerto de Dakar.

    Esta frontera es relativamente rápida. En cuanto al cambio de dinero, al no ver ninguna oficina para ello, lo hicimos con el mismo buscavidas que nos ayudó con las gestiones. Aquí os dejo el valor del cambio a fecha de Abril de 2017. Aprovechamos también para comprar 2 tarjetas SIM para Senegal con 3G por 5€ cada una. En cuanto al coste del visado y el passavant para entrar en Senegal no tenemos claro cuánto nos costo cada tramite, en total fueron 20€ cada uno. Y ahora, si echamos cuentas, el coste total entre las 2 fronteras incluyendo el seguro para la moto y la propina del buscavida, fue de 85€ por barba. Como dije antes un auténtico abuso que en algún momento casi acaba con nuestra paciencia, pero que tuvimos que aceptar para no enterrarnos en telarañas allí mismo. A pesar de ello este paso que estaba relativamente tranquilo nos llevo algo mas de 3 horas y media.

    Al fin estamos en Senegal, ese bello país del África negra lleno de sonrisas, carreteras decentes, badenes gigantes, baobabs, autobuses saturados, polución, y personas y mercadillos por todos lados.


    Desde que salimos de la frontera nos restan unos 275 kilómetros hasta Dakar. Durante este recorrido no hay mucho que comentar, sólo advertir del peligro que pueden presentar los badenes si no vas atento y que aunque la mejoría del asfalto y la conducción con respecto a Mauritania es notable sigue siendo ‘África’.

    Para llegar a Dakar, los últimos 30-40 kilómetros son de autopista, y el coste total en peajes son aproximadamente unos 5€. Una vez acaba la autopista nos topamos de lleno con el caótico trafico de la capital de Senegal, que a pesar de las numerosas avenidas que nos encontramos en esta ciudad, las retenciones son constantes. Cosa que saben aprovechar muy bien los vendedores ambulantes que venden absolutamente cualquier cosa que puedas imaginar, desde juegos de mesa hasta ventiladores a pilas.


    Después de un buen rato regateando el tráfico llegamos al que iba a ser nuestro alojamiento esa noche, el albergue Quiksilver. Regentado por un amable Belga que nos permitió meter las motos dentro del patio, y que aunque la habitación económica que íbamos buscando estaba ocupada, nos acomodó en otra bastante decente por 40€ la noche con desayuno incluido.

    Ducha rápida. una par de cervezas ‘La Gacela’ bien fresquitas y salimos a cenar. Este hotel esta ubicado en una avenida con varios restaurantes y pubs. Cenamos bastante bien y barato en el restaurante/heladería ‘Gelato’.


    Tras el festín culinario nos vimos obligados a tomarnos una copita para evitar problemas digestivos. Primero, y tras negociar con los taxistas senegaleses, lo intentamos en el famoso Casino Cap Vert. Resultó que entre semana allí no había ni moscas. Volvimos de nuevo a probar suerte en la avenida de nuestro hotel, y aunque aquí conseguimos tomarnos el digestivo, algo de dolor de estomago nos entró al ver que en cualquiera de estos pubs que teníamos alrededor el cubata no bajaba de los 10€. Por mi parte, con ese fue suficiente para aclamar la cama del hotel. Y por la de Nito, un tío que le gusta conocer los sitios tanto de día como de noche, continuó con su búsqueda personal del ‘cubata a precio razonable’  hasta la llegada del amanecer.



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