(E03) Tarfaya a Bir Gandouz

Nos despertamos temprano, recogemos los bártulos y bajamos a desayunar. No sin antes asomarnos por la ventana de la habitación, que daba al puerto, a ver si teníamos suerte y se veían las Islas Canarias. La niebla mañanera nos dejó con las ganas.

Eran las 8 de la mañana cuando después del escueto desayuno del hotel emprendíamos la marcha hacía nuestro siguiente destino. El famoso hotel Barbas de Bir Gandouz estaba a unos 850 kms. Preguntamos a los lugareños por la gasolinera mas cercana y todos nos aseguraron que hasta El Aiún nada de nada. Justo girábamos la primera esquina para salir de Tarfaya y bingo, gasolinera pequeñita con ‘super’. Lo mejor de este repostaje fue la sorpresa en el precio de la gasolina. Ya aquí empezaba a estar subvencionada y así sería durante el resto de nuestro recorrido por el Sáhara Occidental. Sobre unos 0,6€ el litro.

A 30 kilómetros de Tarfaya nos encontramos con Tah, antiguo puesto fronterizo entre el Sáhara Español y Marruecos. Hoy sólo queda una pequeña aldea con varias edificaciones abandonas y un monumento representativo de la división territorial.


Ya en territorio del Sáhara Occidental empiezan a notarse las grandes distancias entre pueblos y gasolineras. Grandes rectas con arena y más arena hasta perderse en el horizonte. Ese horizonte en el que empezaban a asomar los primeros espejismos, desde grandes lagos con pescadores hasta siluetas de extensas ciudades. Comenzaba también para nosotros los primeros tramos de carreteras engullidas por las dunas con grandes y molestas nubes de arena al paso de cualquier tipo de vehículo. Algo que nos llamó también muchísimo la atención es que ambos lados de la carretera estaban minados de banderas marroquíes, tal como las que se aprecian en la siguiente foto, cada  5 o 6 metros. Un abuso patriótico que poco más tarde nos enteramos que se debía a que el Rey tenía previsto bajar hasta El Aaiún esa misma semana.


Nuestro siguiente paso era precisamente por El Aaíun, capital del Sáhara Occidental. Ciudad que nos sorprendió gratamente por sus avenidas, sus parques, y sobre todo por ver la basura dentro de los contenedores. Aunque esto último parezca una broma, los que conocéis Marruecos entenderéis nuestra sorpresa. 

Tras dejar la capital del Sáhara Occidental, la carretera vuelve a unirse a la linea de la costa, y así seguirá los restantes 750 kilómetros que nos quedaban hasta el destino del día. Durante este tramo del recorrido no pudimos evitar en varias ocasiones salirnos del asfalto para disfrutar de las vistas que ofrecían los acantilados.


Seguimos adelante unos cientos de kilómetros más y nos encontramos con Dakhla. También conocida como Villa Cisneros, precisamente fue aquí donde permaneció izada la última bandera española en el Sáhara. Desde la carretera nos impresionó mucho la longitud que tiene la península en la que se encuentra esta ciudad de 85.000 habitantes. Pocos kilómetros después de perderla de vista llegamos al Trópico de Cáncer. Casi nos lo pasamos de largo, pero no, es una de las fotos del viaje que no podía faltar.


Ahora viene el relato de una de las experiencias más auténticas y agradables del viaje, una buena y fortuita dosis de hospitalidad árabe. A unos 50 kilómetros del final de la etapa Nito tiene que parar al lado de la carretera porque le entró algún bichillo del desierto en el ojo. Casualmente para en la entrada de una pista que se adentra en la playa, y tan preciosa era que no pudimos abstenernos de la tentación. Tras unos kilómetros adentro, ya frente al mar y sin ninguna otra cosa que una vieja jaima de pescadores a la vista, decidimos que era un buen lugar para fumarnos el cigarrito. Fue tan pronto como bajarnos de las motos que nos saludó uno de los pescadores, y por supuesto tampoco pudimos resistir esta tentación de acercarnos para saludar. Resultaron ser pescadores de langosta, y uno de ellos además hablaba hasta un poco de español de cuando estuvo en El Ejido trabajando. No pasaron ni 2 minutos tras enseñarnos sus ‘herramientas de trabajo’ cuando nos invitaron a pasar a su jaima para merendar langosta con ellos. Serían las 5 de la tarde, pero eso era lo de menos, lo importante era que a estos viajeros en el desierto tenían que recibirlos como su Dios manda. Así fue, que sin saber muy bien cómo había pasado aquello nos vimos en una jaima con 2 pescadores, 4 langostas, una interesante charla y un auténtico té Saharaui en medio del desierto.



Se nos pasó el tiempo volando. Ya casi caía la noche y a pesar de la invitación para quedarnos a dormir con ellos tuvimos que continuar nuestra marcha hacia nuestro destino.

A las 19.45h llegamos al hotel Barbas. 30€ sin desayuno y motos vigiladas dentro del patio. Un patio techado con telas que más parecía una pajarera gigante que un hotel. Fue el sitio perfecto para conocer a otros 2 españoles que también iban para Dakar y compartir con ellos las últimas cervezas que le quedaban a Nito. La historia de estos dos tipos resulta bastante curiosa. Semanas antes de empezar nuestro viaje, buscando información de los viajes en moto a Dakar, nos encontramos con un mensaje en un foro de un tipo que buscaba alguien que le acompañara. Nito y yo estuvimos comentándolo días antes de salir, que hay que ver el ‘loco’ este que se atreve a ir con cualquier desconocido a un viaje tan duro y de tantos días, a saber que puede salir de ahí.  Pues salió que al ‘loco’ ese nos lo encontramos en el hotel con el otro ‘loco’ que había decidido acompañarle. Fue muy grande darse cuenta que el mundo puede llegar a ser tan pequeño. Nos echamos unas risas y muy buen rato que pasamos con los que para nosotros ya siempre serán ‘los locos‘. Y por el momento ya tocaba descansar, al día siguiente nos esperaba la frontera con Mauritania.



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